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  • Luis Roales

El nuevo modelo de desarrollo mundial

En todas las civilizaciones antiguas, especialmente en Asia, el desarrollo material y sociocultural progresaron más o menos de la mano. Por lo tanto, hubo en general un progreso mundial equilibrado, aunque todas las civilizaciones tuvieron sus deficiencias.


Una perturbación importante se produjo con la Revolución Industrial a finales del siglo XVIII y XIX. Impulsada por nuevas fuerzas productivas, la Revolución Industrial facilitó descubrimientos científicos e innovaciones tecnológicas que cambiaron época, y que elevaron exponencialmente la capacidad de muchas naciones europeas para generar prosperidad material.

Como resultado, los países europeos se volvieron extremadamente ricos.


Sin embargo, los países europeos utilizaron las nuevas fuerzas productivas para consolidar su control sobre sus colonias en Asia, África y América Latina. Explotaron y saquearon los recursos de las colonias.


Sin embargo, su feroz rivalidad interna condujo a dos horribles guerras mundiales, que cobraron millones de vidas y arruinaron las economías tanto de las víctimas como de los perpetradores.


Por lo tanto, las naciones occidentales, a pesar de su riqueza material superior, se empobrecieron cultural, moral y espiritualmente. Incluso el nacimiento de Estados Unidos fue resultado de la sórdida historia de la colonización, especialmente por parte del Reino Unido y España.


En el último siglo, Estados Unidos contribuyó a un mayor crecimiento de las fuerzas productivas con avances revolucionarios en ciencia y tecnología, especialmente en computadoras e Internet, anunciando la "era de la información".


Sin embargo, estas fuerzas productivas, al estar al servicio de un sistema capitalista incontrolado, han sido mal utilizadas conduciendo a una concentración extrema de riqueza y poder en manos de una minoría.


La importancia del surgimiento de "nuevas fuerzas productivas de calidad" en China debe entenderse en este contexto histórico.


Muchos en Occidente lo han desestimado como simplemente otra "palabra de moda" destinada a desviar la atención de la comunidad internacional de la desaceleración económica de China.


Sin embargo, el concepto sólo puede entenderse adecuadamente en el contexto de los dirigentes chinos de convertir "China en un gran país socialista moderno que sea próspero, fuerte, democrático, culturalmente avanzado, armonioso y hermoso", tal y como lo fue en el pasado.

Vistas desde esta perspectiva, las nuevas fuerzas productivas, unidas a un desarrollo centrado en las personas y protector del medioambiente, podrían ser el presagio de un tipo de desarrollo humano significativamente diferente y equilibrado, distando mucho del anterior producido por las potencias europeas.


El surgimiento de nuevas fuerzas productivas en China tendrá un impacto tanto interno como global. Esto va irremediablemente acompañado de cambios positivos en el orden mundial dominado por Occidente y está contribuyendo a dichos cambios.


Por último, y por primera vez en la historia moderna, China está adelantándose a Europa y Estados Unidos en investigación científica e innovaciones tecnológicas, especialmente en el despliegue de nuevas tecnologías e innovaciones.


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